Bruno, Diego, Martín, Pensamientos

Teta

Por increíble que parezca, NO he estado de vacaciones.

Simplemente no me he sentido in the mood para escribir. Por falta de tiempo a veces, de inspiración otras. Y tengo cosas que contarte… pero hay que encontrar el momento para hacerlo. Momento mental también.

Tengo pendientes especialmente tres futuros posts (o eso espero ya que hay posts que nunca llegaron a ser escritos) sobre Snapchat (¡qué original!), un viaje especial a un pueblo de Salamanca y una visita fugaz a Brujas y Bruselas. Ninguno de estos posts son el de hoy. ¿Quieres saber por qué? Come on in

Esta mañana he amanecido con este post de madresestresadas y he compartido con ella sensaciones y, sobre todo, recuerdos.

Reflexión: qué intenso fue todo. Qué rápido pasó todo.

Con Diego nunca me planteé no darle el pecho. Para lo que nadie me preparó fue para ello. La teoría la sabía: beneficios y bondades de la leche. En la práctica lo que tuve fue dolor unido a un cansancio natural que hizo que en ocasiones me dieran ganas de dejarlo; de probar con los biberones. De ser la peor madre del mundo.

probé pezoneras que no funcionaron y el sacaleches que no me gustó a mí.  El nerviosismo por el dolor -sí duele, sí- en cierto modo creo que se lo transmitía al pequeño. Fui afortunada y a base de esa crema amarilla que teñía las camisetas de amamantar el pecho fue curándose (o haciendo callo) y el dolor desapareció. En mi época (año 2010) la moda era de dar el pecho a demanda y eso dada nuestra inexperiencia hacía que nos volviéramos un poco locos porque había días en que teníamos la sensación de que Diego nunca estaba saciado y de que mi teta era su chupete.

Después fuimos conociéndonos.

Y llegaron los horarios.

Y pese a todo, pese al cansancio, al dolor, a las lágrimas; me parece todo tan tierno. Tan natural.

Diego estuvo tomando el pecho hasta los ocho meses. Con el inicio de mi trabajo y de su guardería (gracias, conciliación familiar) abandonamos ese ratito de piel con piel pero mantuvimos el pecho por la noche hasta que al final dejamos de hacerlo porque Diego dijo que no. Así, de un modo natural lo dejamos y recuerdo esa sensación de “me falta algo” y de haberle dado más de una y dos pensadas y de hablar con Antonio, pedirle opinión.

Con Martín y Bruno también di el pecho. En el caso de ellos hasta los 5 meses. Fue una lactancia alternada junto con leche artificial porque se quedaban con hambre y por más que lo intentaba tenía la sensación de que no tenía leche suficiente.

En el hospital donde nacieron (año 2011) nos dieron un “taller sobre lactancia” a las nuevas mamis donde nos contaron todos los beneficios de la lactancia materna y respondieron dudas e inquietudes. A mí me enseñaron a darle el pecho a los dos peques a la vez. Modo camada. No lo encontré tan bonito como con Diego y una vez en casa decidí tener mi momento por separado con cada uno. Primero uno y luego otro. Se me hacía especialmente difícil ponerlos los dos a la vez al pecho estando sola (una vez que Antonio hubo vuelto a trabajar después de su permiso de paternidad de 15 días. Una vez más: gracias, conciliación familiar). Y según iban creciendo era aún más difícil… pero sobre todo, yo me sentía más cómoda dándoles el pecho por separado. Aunque duplicara el tiempo.

Y con los dos pequeñitos sí me costó dejar de darles el pecho. No fue de una manera drástica. Son mis pequeños y si quieren pecho, tienen pecho… pero poco a poco fuimos dejándolo. Afortunadamente, el biberón ya lo conocían.

En ambas experiencias me he encontrado con gente que se olvida de la madre. Vale que des prioridad al bebé. Que cuentes todas las ventajas de la leche materna. Que lo intentes hasta decir basta. Pero no se tiene en cuenta el estado de la madre: de si llora, de si se siente capaz o cómoda. Se da por hecho… y si no está bien, pues que se vaya ajustando al bebé porque es lo que hay. Y esa postura tan talibán me asusta, la verdad.

Me gustaría animar a las mamis a dar el pecho pero si estas mamis deciden, por el motivo que sea, dejar de hacerlo o directamente no hacerlo me gustaría decirles que no son las peores madres.

También me gustaría decir a los insistentes e intransigentes que a veces consiguen un efecto contrario: mostrando poca empatía dan ganas de tirar la toalla. Y lo sé porque a mí me pasó.

Y también me gustaría animar a no criticar al que tenemos delante: ni por si se deja de dar el pecho con cinco meses o si se sigue dando el mismo con cuatro años. Cada madre tiene su circunstancia.

Y por último: si estás dando el pecho y necesitas apoyo seguro que  aquí saben ayudarte.

Recuerdos especiales: A Diego no le gustaba que hablara mientras le daba el pecho. Tanto Diego como Martín y Bruno, cuando estaban más espabilados se separaban bruscamente del pecho para atender algo que les llamaba la atención y una vez sabían qué era volvían a mamar. Y el sonido. Ese sonido tan particular.

Escribiendo esto he descubierto que hay una playlist para dar el pecho en Spotify. Gracias a estas “horas muertas” yo veía series y pelis, pero sobre todo: disfrutaba de mis peques. Te la dejo aquí por si quieres escucharla:

 

Feliz finde de esta “semana de la lactancia” que se acerca a su fin.

Por cierto: nunca nadie de las personas que me han rodeado se ha sentido incómodo ante una madre dando el pecho. Naturalidad.

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4 thoughts on “Teta”

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