Familia, Pensamientos, vejez

¿Mi abuela? Haciendo ganchillo, supongo

Cerca de donde viven mis padres venden un hotel. Hace tiempo mi padre me dijo que si un día le tocaba la lotería lo compraría y lo convertiría en una residencia de ancianos para poder traer a su madre. Me pareció triste y bonito a la vez, porque cuando mi padre me lo dijo mi abuela ya contaba más de cien años. 

Cuando tienes 103 años y te vas se lo pones de alguna manera fácil a tu familia. De una manera u otra esperan la llamada donde comunican tu partida.

El viernes pasado me llamó mi padre para decirme que se había muerto la abuela. Sentimientos encontrados porque si bien hacía mucho tiempo que habíamos perdido contacto, no deja de ser mi abuela. Y no deja de ser, mucho más importante que esto, la madre de mi padre.

Fuimos al pueblo donde vivía en la residencia. En Hinojosa de Duero pasó la viejita sus últimos años. Allí reencontramos a familia que hacía siglos no veíamos y en ese sentido me hizo ilusión. Como se suele decir en estos casos, triste encontrarnos en semejantes circunstancias.

Al día siguiente, tarde, muy tarde, fue el funeral. Éste sí en el pueblo del que nunca quiso salir: Sobradillo. Mi abuela, cuando dejó de valerse por sí misma, fue rotando de casa en casa de sus hijos durante unos meses cada año. Primero con su marido Juan. Después se quedó sola. Siempre suspiraba por volver a Sobradillo.

Trini, que así se llamaba, estaba hecha de otra pasta. No era cariñosa, ni simpática. Cuando veía que alguien mostraba alguna muestra de afecto decía:“algo querrá”; perfeccionista, flaca. Sobrevivió una guerra, una posguerra,  un cáncer de mama y la muerte de 4 hijos.

A la misa acudió mucha gente del pueblo. Palabras amables por parte de mucha gente. Al final de la misa, la gente del pueblo rodeó el ataúd en una muestra de respeto. Sinceramente pensé que a mi abuela le habría encantado.

Su marcha no fue traumática. Diego preguntó por qué se había muerto la bisa y le contamos que simplemente el cuerpo se gasta. Y fue así. Desayunó y se durmió. Ni siquiera los que estaban a su lado se dieron cuenta hasta pasado un buen rato.

En la residencia de ancianos compartía habitación con una mujer que se convirtió en su ángel de la guarda: Maudi, su compañera, especialmente afectada.

Entre las cosas de su armario, fotos. Mi padre me dio la mía. Soy yo con 13 meses.

13 meses

Mi recomendación de hoy es un comic del genial Paco Roca que habla de la vejez. De esos últimos años en los que los abuelos (independientemente de si tienen nietos o no) encuentran gente que los cuida y que los quiere. Compañeros de un último tramo de viaje: Arrugas.¿Mi abuela? Estará haciendo ganchillo, supongo.

Feliz fin de semana.

 

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2 thoughts on “¿Mi abuela? Haciendo ganchillo, supongo”

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