amistad

Lamucca

Anoche quedé con dos amigas: Claudia y Patricia.

Surgió la cita hace un par de semanas. Íbamos a ver a otra amiga común que está a punto de ser mamá. El plan era cenar con ella y «espoilearle» el parto y darle un regalo para la nena que espera. Finalmente la futura mamá no pudo quedar, pero nosotras decidimos seguir adelante con nuestro plan. Cada vez es más difícil concretar agendas así que para una vez que se alinean los astros, no íbamos a dejar pasar la oportunidad.

Cogí el metro en Legazpi y fui de observadora. Casi como una guiri. ¡En el metro a estas horas para ir al centro! Casi se me había olvidado. Me bajé en Callao y en nada de tiempo estaba en un bar requeteagradable con una caña requeteagradable y con unas amigas requeteagradables.

Claudia y Patricia no llevan en mi vida desde el principio de los tiempos. Las conozco de hace 7 años y sí… no son compañeras de trabajo, que también.

Empezamos la noche hablando de nuestras cosas en la ofi: haciendo trajes. Un rato divertido, unas risas y a organizar el micromundo de la ofi.

Poco a poco fuimos cambiando de tema. A veces más serias, a veces más divertidas.

Esta mañana reflexionaba (reflexión de atasco de tráfico a las 7.30 de la mañana) sobre lo fácil que resulta con algunas personas. Lo fácil que me resulta HABLAR con ellas concretamente.

Patricia nos comentó que hace unos días, en un viaje por Murcia, pasó por delante de unas casas donde pasó un verano con sus padres y su hermana. Sintió un ataque de nostalgia, agarró el móvil y creó un grupo en whatsapp para decirles que los quería.

Yo he sentido el mismo impulso, pero he preferido decirlo mediante este post.

Os quiero, chicas!

Gracias

Por cierto: el nombre del post es porque cenamos en Lamucca

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Les flocons

Hace muchos años pasé un mes estudiando árabe en Túnez. ¿Os he dicho que estudié  Filología Semítica?

Como podéis imaginar, la experiencia fue increíble. Magnífico país y magnífica gente la que conocí. Mantengo dos amigos -os hablo del año 1998-: Mi amigo Daniel de Rumanía y Alex de Canadá.

Cuando terminó aquel mes de curso, cada uno volvimos a nuestra rutina. Yo me hice mi primera cuenta de correo electrónico para mantener el contacto. Incluso chateaba de vez en cuando con Daniel.

Alex es periodista. Se marchó a trabajar un tiempo a París. Siempre recordaré que Alex me cayó bien en el momento que lo vi en una excursión del instituto en el que estudiábamos porque estaba cantando canciones de Abba con una amiga.

Un buen día, meses después de habernos despedido, recibí una tarjeta de una mariquita que se llamaba Annabelle. Dentro, unas letras de Alex diciendo que al verla se había acordado de mí.

Años más tarde, Alex y su pareja Geneviève vinieron a España por primera vez. Estuvimos con ellos un par de días.

Seguimos manteniendo el contacto y la amistad. Vinieron las bodas, los niños,…

En 2010 incluso pasamos una semana juntos en la Costa Brava.

Normalmente las noticias son buenas, pero a veces no tanto: el fallecimiento hace 3 años del padre de Alex o un mail precioso a la vez que triste que recibí ayer.

Geneviève nos contaba que su madre había pasado a formar parte de los copos de nieve -les flocons-.

Es curioso cómo nuestros caminos se juntan. Imagino que eso es amistad; cuando yo daba a luz a mi primer hijo, miles de kilómetros más allá la hermana de Geneviève daba a luz a su hija. Ayer nevó en Madrid. Así que desde aquí pudimos sentir que la madre de Geneviève formaba también parte de estos copos. Era como si la nieve fuera nuestro nexo. Nuestra manera de abrazarnos.