Cine, Matrimonio de conveniencia, Pensamientos

Dr. Esquerdo, 138

Todas las mañanas cuando voy a la oficina hago -casi siempre- la misma ruta. Y lo cierto es que hay cosas que me gustan: el edificio de la EMT, por ejemplo, es muy chulo de madrugada, cuando aún no hay luz de día, porque se ven las siluetas de la gente tomando café.
Desde Méndez Álvaro a Conde de Casal paso por encima de la Avda. Ciudad de Barcelona. A veces, cuando hay más atasco de lo habitual me paro en lo alto del puente y veo algo parecido a esto:

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El caso es que poco antes de llegar a la glorieta de Conde de Casal suelo parar en un semáforo a la altura de Doctor Esquerdo, 138. Miro a mi izquierda y hay un edificio de oficinas desperezándose. Unas ventanas que llaman mi atención. En ellas hay unas letras gigantes donde se lee Montibello y no puedo evitar acordarme de una peli que no es buena y sospecho que habrá envejecido mal con el tiempo, pero a veces las pelis no buenas hacen que recuerdes ciertos detalles: me estoy refiriendo a “Matrimonio de Conveniencia” con Gerard Depardieu y Andie MacDowell. ¿Y por qué me acuerdo de esta película? Pues porque -ATENCIÓN SPOILER- hacia el final, él falla en el nombre de la crema de ella: Monticello. Siempre se equivocaba en Monticello.

Recuerdo las críticas de Miguel Ángel cuando veíamos esta peli: “un francés nunca haría esto para trabajar en Estados Unidos” -decía. Y no puedo evitar pensar que igual han cambiado mucho los tiempos últimamente… o igual no. No sé.

¿Y una estadounidense se casaría únicamente para conseguir un piso de alquiler? Va a resultar que la película es más actual de lo que era en su tiempo (es broma)

Sí recuerdo una escena que especialmente me chirriaba: ellos dos corriendo por Central Park mientras sonaba Enya.

Este finde parece que por fin llega el frío. ¿Quién sabe? Igual pillas la peli por ahí y te apetece reverla… o tal vez no.

feliz fin de semana

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Pensamientos, Recuerdos, San Sebastián

alpargatas rosas

Últimamente llevo mucho unas sandalias amarillas. Me resultan cómodas y eso no es poco ya que llevo dos años con fascitis plantar en un pie y el calzado que decida usar hará que esté más o menos dolorida durante el día y los días posteriores.

Estas sandalias, las amarillas que te comentaba antes, tienen un poder especial: consiguen trasladarme a la playa de Ondarreta durante unos segundos.

Y es que el cierre de estas sandalias son una tira que rodea el tobillo atravesando un pasador en la mitad del empeine, pero si no tienes cuidado cuando te las quitas, el pasador puede salirse y perderse.

Cuando era pequeña tuve unas alpargatas rosas con un cierre exactamente igual que el de mis sandalias. Fue en la playa de Ondarreta donde sucedió que el cierre debió de salirse y lo perdí. Lo busqué entre la arena, pero de nada sirvió. Esto que te cuento lo tenía completamente olvidado hasta que una mañana, al abrocharme las sandalias recordé aquellas alpargatas, aquel cierre; y desde entonces, durante unos segundos, cada vez que las abrocho, pienso en aquel cierre, aquella playa, aquellos veranos.

Recuerdos que odio perder.

feliz finde